Para comprender y apreciar los distintos géneros literarios no hay nada más eficaz que volver la vista hacia sus antecedentes, que muestran los primeros pasos del largo camino hasta su completa formación.
El género policíaco tiene sus orígenes en Edgar Allan Poe, este escritor, fundamentalmente de poesía y relatos, ambientó siempre su obra en la vertiente más oscura del romanticismo inglés y se le considera, por ello, precursor del terror gótico. La fantasía era el elemento central en los relatos de Poe, servía para explicar el terror, pero, curiosamente, cedió su lugar a la razón, que empezaba a considerarse un criterio rector. Con este giro y su creación del personaje Auguste Dupin se inauguró, en la segunda mitad del siglo XX, la tendencia de la novela policíaca y se establecieron algunas de las características del género. Su obra no se identifica de manera exacta con la definición de novela policíaca, pero existe una evidente relación: la presencia del miedo, del misterio y del escalofrío final que no deja indiferente al lector.
En Francia ya autores como Voltaire hicieron uso de un tipo de literatura deductiva que llevaba hacia la conclusión de que la razón es la herramienta más efectiva para desentrañar los misterios del mundo; así era como el sabio Zadig resolvía los extraños casos que se le planteaban: siguiendo el método racional según el modo detectivesco. En 1826, con las Memorias de Vidocq, quedaron asentadas las bases para la configuración del género policíaco en Francia y en 1842 se publica Un asunto tenebroso, de Balzac, la primera novela policíaca de Europa, aunque su defensa del racionalismo y su dimensión social, características esenciales de este tipo de literatura, no estén tan claras.
En Inglaterra, el género, que ya estaba configurado, se consagró con Arthur Conan Doyle y Sherlock Holmes y llegó a su máximo de popularidad con Agatha Christie, la autora más vendida.
Se puede decir entonces que la semilla del género policíaco esta en la obra de Edgar Allan Poe y que su sustrato es el terror, en una época en que lo macabro producía gran interés en el lector, como reflejan, en el siglo XIX, numerosas manifestaciones literarias: el auge de periódicos que informaban sobre causas célebres, textos que relataban tanto los propios actos criminales como el proceso judicial llevado a cabo y la sentencia final, se explica solo por la gran acogida que tenían entre el público lector.
Este tipo de literatura se desarrolló en un contexto histórico marcado por la Revolución Industrial, en Europa, fundamentalmente en Reino Unido y Francia, se produjo un crecimiento caótico de las ciudades, que se quedaron pequeñas para tanta gente, lo que dio lugar a la aparición de grandes bolsas de marginalidad, la delincuencia aumentó de forma masiva, los Estados se vieron obligados a configurar los cuerpos de policía tal y como se estructuran en la época actual, y se le confió a la razón la seguridad de los nuevos tiempos. No es de extrañar que el clima de violencia que vivía la sociedad se filtrara en la literatura hasta conformar un género literario: el policíaco.
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