
A lo largo de la historia, las mujeres que deseaban dedicarse a la literatura no sólo han tenido una mayor dificultad a la hora de publicar sus obras, también han tenido que lidiar con los prejuicios de los lectores de la época. Mientras que unos opinaban que debían dedicarse únicamente a la poesía o la novela sentimental, género considerado de segunda categoría, otros afirmaban que las mujeres que escribían literatura de calidad lo hacían porque tenían características masculinas. Ejemplo de ello es la opinión de Leopoldo Alas Clarín quien afirmó que «No es posible negarle a la mujer su derecho de escribir; […] pero ese derecho solo se ejercita con una condición: la de perder el sexo»[i] o de Zorrilla quien sorprendido por la belleza y el talento de Gertrudis Gómez de Avellaneda consideró esto «un error de la naturaleza, que había metido por distracción un alma de hombre en aquella envoltura de carne femenina»[ii]. Además, en ciertos círculos sociales estaba mal visto que se dedicaran a la escritura.
No es de extrañar que muchas autoras optaran por publicar su obra bajo un seudónimo masculino, o utilizando únicamente sus iniciales, para llegar a un público más amplio e intentar que su obra fuera valorada sin que entraran en juego los prejuicios de los lectores sobre las mujeres y la escritura.
Entre los ejemplos más destacados tenemos a Cecilia Böhl de Faber, que utilizaba el seudónimo Fernán Caballero. No tenía intención de publicar sus obras, pero su situación económica le hizo cambiar de idea y en 1849 apareció su primera novela, La Gaviota, a la que siguieron muchas más. Llama la atención que no fuera partidaria de que las mujeres se dedicaran a la literatura, pues según escribió «más adorna la débil mano de una señora la aguja que no la pluma»[iii].
Otra autora que publicó bajo seudónimo fue Amantine Aurore Lucile Dupin. Cuando decidió publicar su obra, su suegra le dijo que esperaba que su nombre no apareciera en la portada de los libros[iv] y, en efecto, acabó ocultando su identidad detrás del nombre George Sand. Defendió la igualdad de hombres y mujeres, no sólo en la escritura. Según escribió a Flaubert, para ella no había «más que un sexo. Un hombre y una mujer son hasta tal punto lo mismo, que es incomprensible el montón de distinciones y de razonamientos sutiles de los que se nutren las sociedades sobre este particular»[v].
Además tenemos el caso de Catarina Albert i Paradís, autora catalana que firmó sus primeras obras como Virgili d’Alacseal. Más tarde, fue premiada por su poema El llibre nou y su monólogo La infanticida en los Juegos Florales de Olot, ambos firmados con el seudónimo Víctor Català. El jurado quedó sorprendido al enterarse de quién estaba detrás de ese nombre y algunos cuestionaron su autoría ya que opinaban que aquellos trabajos los había escrito un hombre.
A diferencia de estas escritoras, Emilia Pardo Bazán utilizó siempre su nombre para publicar y luchó por hacerse un hueco en la literatura sin recurrir a un seudónimo masculino. Defendió una posición similar a la de George Sand, para ella no había «dos literaturas» y en la literatura no había «varones ni hembras»[vi].
La escritora mexicana Laura Méndez de Cuenca también publico algunos trabajos con su nombre y otros bajo seudónimo (L… o L***). En ocasiones firmó sus relatos o poemas con nombres que ocultaban su identidad pero no su género, por ejemplo, el cuento de nuestra antología «Estaba escrito» que firmó como Stella.
La producción literaria de estas autoras (y de otras muchas) es la prueba de que, en contra de lo que algunos han afirmado, el talento no tiene género.
[i] Leopoldo Alas Clarín «Cartas de un estudiante». Citado en De la Guardia, Carmen. Universidad Autónoma de Madrid, España. (2007). La violencia del nombre. Mujeres, seudónimos y silencios. XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Tucumán, San Miguel de Tucumán.
[ii] Mayoral Díaz, Marina. El concepto de la feminidad en Zorrilla. Biblioteca Virtual Cervantes.
[iii] Böhl de Faber, Cecilia. Carta a los editores de El Artista. Citado en De la Guardia, Carmen. Universidad Autónoma de Madrid, España. (2007). La violencia del nombre. Mujeres, seudónimos y silencios. XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Tucumán, San Miguel de Tucumán.
[iv] Gutiérrez, Jose Ismael. (2014). El seudónimo masculino y la androginización de la mujer escritora. Argus-a. VI.
[v] Flaubert, Gustave, y George Sand. Correspondencia (1866-1876). Citado por Gutiérrez, Jose Ismael. (2014). El seudónimo masculino y la androginización de la mujer escritora. Argus-a. VI.
[vi] Emilia Pardo Bazán, «Carta Magna», La época, 3 de junio de 1884. Disponible en la Biblioteca Virtual Cervantes. Citado en De la Guardia, Carmen. Universidad Autónoma de Madrid, España. (2007). La violencia del nombre. Mujeres, seudónimos y silencios. XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Tucumán, San Miguel de Tucumán.