Estados Unidos es uno de los países que la mayoría de personas les gustaría visitar una vez en su vida, pues son muchos los atractivos que ofrece este continente. Nuestra autora, Laura Méndez de Cuenca, no viajó solo por Europa, sino que uno de sus destinos más visitados y donde se puede apreciar su producción literaria más intensa y rica, es en los años en que viaja a Estados Unidos.
Tras quedarse viuda en 1884, y al cargo de dos niños, Laura tuvo que buscar formas de subsistencia que encontró en dos de los pocos espacios a los que podían acceder las mujeres de aquella época: la enseñanza y la redacción de periódicos. A partir de entonces y hasta su muerte, la autora dedicaría todo su tiempo a su labor como educadora y al estudio de los sistemas educativos en otros países. Tras el abandono de la redacción del periódico El Mundo, en el que participaba hasta entonces en México, la escritora decidió realizar un cambio en su vida, que supondría a su vez, uno de los cambios más significativos en su vida literaria: el autodestierro. Así pues, desde 1891, Laura Méndez de Cuenca estuvo 11 años fuera de su país, primero viviendo en Estados Unidos y luego como comisionada por parte del Ministerio de Instrucción Pública, en Europa. Su primer destino fue San Francisco, en el que permaneció siete años. Más tarde volvió a México. El interés y la vocación de Laura por la enseñanza le abrió las puertas a que el gobierno de entonces, que tenía como objetivo fomentar la educación media superior y primaria y abrir escuelas de artes y oficios para señoritas, abriendo otros canales educativos a través de la participación de la mujer, la enviara a visitar los Estados Unidos en 1902, con el objetivo de observar los jardines de niños y, de esta manera, mejorar las escuelas que ya existían en México.
Durante su estancia en el continente estadounidense, Laura tuvo que buscar sustento, por lo que se dedicó a una serie de actividades, primero como maestra de clases particulares de español, como editora, y, más tarde, como directora y fundadora de una revista en el extranjero. Así es que, desde su regreso a San Francisco, emprendió su labor como maestra y escritora intensa, además de convertirse en cronista viajera y cuentista. Los cuentos que escribía los enviaba desde Estados Unidos a distintas revistas mexicanas, como es el caso de uno de sus cuentos criminales más impactantes de su antología, “La Venta del Chivo Prieto” (1902).
Estos viajes al gran continente hicieron que Laura Méndez conociera la situación que se estaba viviendo en otras ciudades y desarrollara su capacidad crítica de observación. Es por ello que en este período es cuando escribe la mayoría de sus poemas más reivindicativos y denunciadores de la injusticia social de su época, las guerras, sucesos históricos o la esclavitud. Para Laura Méndez de Cuenca, viajar acabó siendo una necesidad vital, pues le permitía explorar la modernidad y desarrollarse personalmente. Llegó a fundar varios periódicos durante su estancia en San Francisco y participó en revistas como El Renacimiento y la Revista Azul. Su interés por las cuestiones femeninas y la desigualdad de la mujer se manifestó mientras estudiaba los sistemas de educación pública en Estados Unidos. Fundó la “Sociedad Protectora de la Mujer”, organizada por ella y una de las primeras abogadas de México. Es por ello que sus relatos siguen siendo de actualidad, pese a estar escritos hace un siglo. A su vez, es una de las pocas escritoras que consiguieron vivir de su pluma, en una época donde la mujer no tenía derechos sobre sí misma.
Es necesario destacar el coraje y valentía de nuestra escritora en una época tan difícil como es la que vivió. Supo reconocer dónde estaban las injusticias de su tiempo, estudió las maneras de poder solucionar estos problemas y puso su pluma al servicio de la sociedad para hacer frente a todas las desigualdades de su tiempo.