Laura Méndez de Cuenca pertenece a ese reducido grupo de pioneras que a finales del siglo XIX y principios del XX salió de su país natal y se aventuró a explorar el mundo. Laura no acompañó en sus viajes a su marido, ni dilapidó viajando la fortuna familiar, sino que se embarcó en innumerables viajes a lo largo de su vida siempre por motivos laborales. El primer destino de la autora de Cuentos criminales fue EE. UU., aunque el país norteamericano no colmó las ansias viajeras de Laura, y entre 1906 y 1910 se embarcó en un viaje a lo largo y ancho del continente europeo, donde ejerció su labor como enviada del gobierno mexicano, pero también como periodista y escritora; y donde también disfrutó del placer de viajar.
A Europa, Laura Méndez de Cuenca llegó como enviada del gobierno de México para asistir a congresos internacionales sobre educación, mutualidad e higiene. Por este motivo asistió a encuentros en ciudades europeas como París, Milán o Berlín. Pero no se conformó con este cometido, y su ansia por conocer el mundo la llevó a otras localidades, como Frankfurt, Barcelona, Toledo, Madrid, Zaragoza o Londres. Además de representar a su país en los diferentes congresos, siguió desarrollando su actividad periodística y escribió para El Imparcial las crónicas Impresiones de viaje desde Europa.
Laura muestra en estas crónicas la Europa que entra en el siglo XX, llena de cambios, y lo hace con la sensibilidad tan especial que la caracterizó. Méndez de Cuenca reflexiona sobra las sociedades europeas o sobre el progreso, y compara la situación que viven estos países con México; pero también disfruta del viaje, dejando crónicas en las que describe el paisaje urbano o narra las impresiones de su primer viaje en metro. Además de las crónicas periodísticas, envió a El Imparcial poemas y cuentos, algunos ambientados en las ciudades europeas que visitó, como El ramo de violetas, que cuenta la historia de una mujer berlinesa a quien un hombre confunde con una cincuentona soltera que busca marido a través de anuncios en los periódicos.
Gracias a sus crónicas, sabemos que París fue una ciudad que decepcionó a Laura, a pesar de la expectación que generaba en esa época la capital francesa. La autora de Cuentos criminales no apreció la vida de los suburbios parisinos, cargada de erotismo para muchos. Tampoco le gustó la actitud de los franceses durante los congresos a los que asistía, consideraba que se comportaban de forma presuntuosa e irónica. Sin embargo, fue en París donde Laura Méndez publicó algunas de sus obras más reconocidas, entre ellas Simplezas, antología de relatos donde aparece publicado por primera vez La Venta del Chivo Prieto, cuento que abre nuestra antología.
Si París fue una ciudad que la decepcionó, en Berlín, y en general en Alemania, Laura Méndez de Cuenca se encontraba a gusto. Berlín fue la primera ciudad europea que visitó, en 1906, y volvería a ella en los años posteriores, antes de regresar en 1910 a México. La sociedad alemana cautivó a la escritora, aunque le extrañó que todavía se siguiera impartiendo la asignatura de religión, que se había retirado del currículo escolar mexicano a mediados del siglo anterior. Laura se planteó el reto de «dominar en cuerpo y alma a mí monstruo alemán» y lograr así aprender el idioma del país germánico. Sus crónicas más personales de su periplo europeo son las que escribió casi al final de su viaje, en 1908, en el balneario de Karlsbad, ciudad alemana por aquel entonces. A ese lugar la cada vez más enferma Laura Méndez había acudido a descansar, y de este lugar dice que «en toda época del año, flota en Karlsbad una sensación de paz risueña y activa que es peculiar en el ambiente».
El periplo europeo de Laura acabó en 1910, cuando, después de un congreso educativo en Bélgica, regresó a México para ser maestra de un colegio. Pero se llevó de Europa, y sobre todo de Alemania, una idea de modernidad que siempre defendió. Por otro lado, gracias a este viaje podemos conocer, a través de sus más de setenta crónicas, qué impresión se llevó del viejo continente una de las mejores escritoras mexicanas.