Una lectura rápida de los relatos de Laura Méndez de Cuenca basta para captar la crítica social tejida en su narrativa: la lucha de clases, el racismo y, cómo no, el reflejo de la situación precaria de la mujer de la época. Por ejemplo, en el relato de El aparecido tenemos un caso claro de violencia doméstica con final trágico. Méndez de Cuenca era una firme defensora de los derechos de la mujer y es por eso que sus relatos siguen siendo relevantes hoy en día, la temática es actual pese a ser literatura escrita hace un siglo. Y es que desgraciadamente aún hoy nos encontramos con casos igual de terribles que el de El aparecido.
Íngrid Escamilla fue descuartizada y asesinada, Fátima, una niña de siete años, fue encontrada muerta en una bolsa. Estas son las noticias con las que se tienen que despertar las mujeres en México, donde solo durante el mes de enero de este año se recogieron 73 casos de víctimas mortales de violencia de género. Según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), el número de feminicidios asciende a 10 casos por día, que se van sumando a los más de 3000 asesinatos que tuvieron lugar el pasado año 2019. Estas cifras alarmantes han provocado una oleada de protestas en todo el país, tanto en forma de manifestaciones como en redes sociales, donde hashtags como #JusticiaParaTodas o #CosasQuePasan PorSerMujer se han hecho virales.
Muchos afirman que el machismo y la misoginia inherentes en la sociedad actual son sin duda los factores clave detrás de estos casos de feminicidio. A día de hoy aún somos testigo de situaciones en las que la mujer es tratada como un objeto de posesión y deseo para que aquellas personas en posición de poder puedan usar a su antojo. La deshumanización de la mujer y la degradación de su condición como persona son elementos que están a la orden del día en la sociedad mexicana (y no solo la mexicana, estamos ante un problema que alcanza escala mundial). Aún así, estos no son los únicos factores a tener en cuenta en esta ecuación.
Numerosos estudios afirman que la situación socioeconómica de las mujeres es también un elemento a tener en cuenta cuando hablamos de violencia de género. La pobreza, el racismo y la dificultad para acceder a una educación básica son obstáculos que se interponen en el camino de muchas mujeres mexicanas y que favorcen estas situaciones de abuso. Un estudio recientemente publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en México afirma que las mujeres de zonas rurales rurales y/o hablantes de una lengua indígena o que pertenezcan a un hogar indígena tienen más dificultades para acceder al sistema educativo. Este tipo de desigualdad se manifiesta aún con más fuerza en las zonas donde se vive una lucha contra grupos de crimen organizado, según afirma María Salguero, la autora del mapa que documenta los casos de feminicidios desde 2016. Salguero afirma que los datos que muestra su mapa no aportan nada si se toman fuera del contexto de desigualdad que sufrían las víctimas.
A pesar de estos datos desoladores, las mujeres mexicanas parecen más dispuestas que nunca a luchar por sus derechos. El movimiento feminista en México tiene cada vez más fuerza y no se deja convencer ante los intentos del gobierno mexicano por calmar la tormenta, intentos que muchos consideran inútiles e incluso ofensivos. Durante el mes de febrero se ha estado organizando toda una revolución bajo el nombre #UnDíaSinMujeres, que propone un paro de mujeres a nivel nacional para el día 9 de marzo, después de la marcha feminista del día 8. Con este movimiento se pretende que ninguna mujer mexicana salga a las calles, ni para trabajar, ni para estudiar, ni para consumir. De esta forma pretenden demostrar la importancia socioeconómica y cultural de la mujer en un país que no las respeta. Esta protesta se ha hecho viral y se espera una participación muy alta en todo el país, incluso se ha invitado a aquellas que no puedan participar en el paro a no interactuar en redes sociales o al uso de ropa morada como identificación de participante del movimiento.