Laura Méndez de Cuenca: luchadora y feminista

Adelantada a su tiempo, Laura Méndez de Cuenca, tuvo que enfrentarse a los prejuicios y convenciones sociales de su época. A los veintiún años fue madre soltera al tener su primer hijo, fruto de su relación con el poeta Manuel Acuña. Más tarde se casó por lo civil, y no por la iglesia que era lo habitual, con el escritor Agustín Cuenca. El matrimonio vivió algunas temporadas en casas separadas. Todo esto le supuso ser señalada por la sociedad mexicana cuyas convenciones desafiaba.

Tras quedarse viuda muy joven, Laura Méndez tuvo que hacerse cargo de sus hijos. Consiguió lo que muy pocas mujeres de su época lograron, vivir de la escritura. Su producción poética y narrativa muestra un talento excepcional, sin embargo, debido a las ideas de la época, en ocasiones este fue atribuido a la existencia en ella de características masculinas. Por ejemplo, el crítico Amézaga dijo que Laura Méndez había escrito «versos muy singulares que la apartan del bando femenino por el vigor extraordinario de la frase y la valentía del pensamiento» y que había adquirido «el temple de un hombre»[i].

En 1891 tomó la decisión de marcharse de México y, sola con sus dos hijos, se trasladó a Estados Unidos sin conocer siquiera el idioma, demostrando así su valentía e independencia. En el tiempo que vivió en San Francisco desarrolló su faceta emprendedora al fundar y dirigir la Revista Hispano-Americana, que se comenzó a publicar en enero de 1895. Por desgracia, en julio del año siguiente tuvo que abandonar la revista debido a la traición de su socio que le dio un golpe «en la chapa del alma, quedándose con el periódico y sus pertenencias todas»[ii].

Con la fuerza y el valor que la caracterizaba, no se dejó vencer por las adversidades y consiguió remontar su carrera: tras regresar un tiempo a México, tuvo la oportunidad de viajar por Europa como delegada del Gobierno mexicano en materia de educación.

Méndez de Cuenca no solo fue una mujer independiente y luchadora, también defendió activamente los derechos de la mujer. En 1905 fue presidenta de la Sociedad Protectora de la Mujer, que impulsó la defensa de los derechos civiles y políticos y el derecho al trabajo de la mujer y promovió la igualdad en el acceso a la educación. También dirigió durante varios meses la publicación La Mujer Mexicana, cuyas colaboradoras pertenecían, en su mayoría, a la sociedad.

Además, a lo largo de los años, escribió varios artículos en defensa de los derechos de la mujer como «El decantado feminismo», publicado en El Imparcial en 1907, en el que protestó contra la desigualdad salarial «(la mujer) Pide […] que se la remunere por su trabajo al igual que al hombre, cuando la labor es buena, y no se le acorte la paga desestimando la obra por ser mujer»; «La mujer como factor social», publicado en el periódico El Pueblo en 1916, en el que habló de la lucha de la mujer por sus derechos «Lucha principalmente por su independencia económica y por su libertad social […] Cuando no recibe ayuda, se abre paso a fuerza de puños […] y sabe sacudirse de toda tiranía, con los esfuerzos nunca domados de su voluntad»; «La mujer mexicana moderna en el nuevo hogar» y «La mujer como revolucionaria» publicados en el mismo periódico también en 1916.

Con una voluntad de denuncia de las desigualdades y una producción literaria de calidad, Laura Méndez de Cuenca es un gran ejemplo a seguir. Su vida y su obra constituyen un legado que merece ser rescatado del olvido.


[i] Carlos Germán Amézaga, Poetas mexicanos, Buenos Aires, Imprenta de Pablo Coni e hijos, 1896.

[ii] Carta de Laura Méndez de Cuenca a Enrique de Olavarría y Ferrari, fechada en San Francisco de California en agosto de 1896.

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